A propósito de «Del Revés»

A propósito de la película “Del Revés”, con la que dimos comienzo a nuestro ciclo mensual de video-forum, no queríamos pasar sin plasmar algunas de las reflexiones que surgieron en el debate posterior a la visualización y otras que pueden ayudarnos a comprender el mensaje que la película nos transmite e introducirnos, un poquito más, en el complejo mundo de las emociones.

La película nos presenta a cinco protagonistas: Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco, que con excepción de la emoción de sorpresa, son consideradas tradicionalmente las emociones básicas. La razón que lleva al director a no incluir a la sorpresa nos la explica Paul Ekman, reconocido experto en el campo del estudio de las emociones y que se encargó del asesoramiento científico de la película, y tiene que ver con que la sorpresa sería una emoción de una duración muy breve, que rápidamente pasaría el testigo a otras emociones. Estas emociones básicas (y, por extensión, todas las emociones) se acompañan de manifestaciones características que la película ilustra de maravilla. Así, Alegría se muestra siempre exultante, brincando de un lado para otro, lanzando mensajes positivos y con una sonrisa en su cara, mientras que Tristeza mantiene un tono de voz apagado, monocorde, se arrastra por el suelo y se acompaña de una ingente cantidad de autoverbalizaciones negativas (“no sirvo para nada”, “todo lo estropeo” y demás). El resto de protagonistas, por su parte, no se quedan atrás. Ira echa fuego por la cabeza cuando se o le “calientan”, Asco se mantiene crítica y “estirada” en todo momento y Miedo, aparte de tratar de escapar de diversas situaciones (lo que nos recuerda, y mucho, a lo que sucede habitualmente con la ansiedad), no para de temblar.

A medida que la película avanza podemos ver cómo todas ellas colaboran en la toma de decisiones y cómo el “panel de control” va ampliándose y complejizándose a medida que Riley va sumando experiencias. Esto es totalmente compatible, por un lado, con lo que la Psicología y la Neurociencia explican, pero por otro lado también, con lo que nuestra propia experiencia personal nos señala. Cuando somos pequeños nuestra comprensión del mundo es más limitada (tanto en el ámbito conceptual como en el emocional). Emociones complejas como la vergüenza, o el sentimiento de culpa (que tantos “problemas” traerán a muchos adultos) aparecerán más tardíamente en nuestro desarrollo.

¿Emociones buenas y malas?

Las emociones protagonistas ilustran además, la actitud extendida en nuestra sociedad, de tratar de negar y/o evitar la experiencia desagradable y lo hacen tratando de impedir que Tristeza desempeñe su papel (cercándole en un círculo de tiza o pidiéndole que se retire, por ejemplo). Será a medida que avanza la película cuando puedan comprobar cómo la tristeza es necesaria en ciertas ocasiones (cuando Tristeza consuela a Bing Bong, por ejemplo, después de que lo intentara también Alegría sin éxito alguno). Esto nos lleva a recordar experiencias personales, como por ejemplo, lo inútil que resulta que alguien trate de consolarnos tratando de resaltar los supuestos aspectos positivos que podemos encontrar en nuestras vidas cuando nos sentimos tristes, o el sentido que cobra que busquemos experimentar sensaciones acordes con el estado de ánimo que estamos atravesando (por ejemplo, y volviendo al ejemplo de la tristeza, ¿quién no recuerda haberse puesto a escuchar canciones que evocan esta emoción cuando nos sentimos de este modo?).

Esta actitud de negación o evitación (la típica “búsqueda del placer y evitación del displacer”) se extiende más allá de la emoción de tristeza (aunque esto no quede reflejado en la película) y con frecuencia trataremos de evitar en nuestras vidas emociones como el miedo, la ansiedad, la soledad y otras (que con mucha frecuencia, a su vez, nos encontraremos en las consultas de los psicólogos y otros profesionales) dificultando el proceso de regulación emocional y agudizando, cuando no generando, un sufrimiento innecesario.

Aunque el protagonismo parezca repartirse en la película entre Alegría y Tristeza, todas las emociones desempeñan un papel adaptativo e imprescindible y este es el mensaje fundamental de la película.  No existen emociones buenas ni malas (aunque es cierto que algunas nos resultan más agradables que otras), todas cumplen una función necesaria para nuestra supervivencia como individuos y para la supervivencia de nuestra especie. Mantener una actitud de apertura a su manifestación (estar dispuestos a permitirles transmitir su mensaje, sea este agradable o desagradable para nosotros), prestarles atención y aceptarlas como lo que son, una señal que nos envía nuestro organismo y que, por nuestro bien, debe ser escuchada, es la tarea fundamental que debemos llevar a cabo para dejar atrás el “enquistamiento” emocional, el sufrimiento innecesario y comenzar a vivir una experiencia emocional sana.

 

Por Ainara Cajigas Uncilla

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